Por Daniel Omar Montiel (*), especial para NOVA
La justicia no puede reducirse a un expediente judicial, a una fría sentencia ni a la burocracia de tribunales dominados por jueces complacientes con el poder o paralizados por la indiferencia.
La justicia es una virtud cardinal, raíz de la libertad, garantía de la dignidad humana y fundamento del bien común.
Hoy en la Argentina vivimos un caos procesal y judicial que multiplica las injusticias en vez de repararlas. Jueces que no actúan de oficio, que caen en el delito de omisión, cuando no en el de prevaricato. Un Congreso inmovilizado por la mezquindad de los números y el cálculo político, incapaz de activar juicios políticos o destituciones constitucionales contra quienes pisotean la ley.
Mientras tanto, un presidente desquiciado, autocrático y cruel como Javier Milei declara sin pudor que “la justicia social es una aberración”, conculcando derechos constitucionales, atentando contra los Derechos Humanos y arrojando al pueblo a la marginación.
Las cifras hablan:
Más del 55 por ciento de la población argentina está bajo la línea de pobreza;
El 12 por ciento de los niños sufren desnutrición crónica;
Miles de trabajadores formales cayeron en la indigencia porque sus salarios son pulverizados por una inflación sin control;
Se profundizan las desigualdades regionales y el interior del país queda desguarnecido sin inversión pública ni políticas sociales;
Mientras tanto, se libera a los mercados y se condena a millones de argentinos a la exclusión, la precariedad y el hambre.
¿Puede llamarse Estado a una nación que abandona a sus débiles? ¿Puede llamarse justicia a un sistema que mira hacia otro lado mientras millones caen en la miseria?
Como enseñó San Agustín , recordado por el Papa León XIV: “Un Estado en el que no hay justicia, no es Estado”.
El pueblo, consciente de esta verdad, sale a las calles. Su clamor resuena:
¡No a las injusticias sociales! ¡Sí a la justicia como virtud y derecho!
Pero su grito es sofocado por quienes detentan el poder y deberían garantizar el orden constitucional.
Por eso, desde este manifiesto, exigimos a jueces y legisladores que actúen de manera inmediata y sin dilaciones.
No alcanza con discursos ni declaraciones: urge que los magistrados ejerzan su deber constitucional de defender los derechos del pueblo y que los legisladores dejen de esconderse detrás de quórums o conveniencias políticas.
Cada día de inacción multiplica el dolor y la injusticia. La pasividad es complicidad.
El Papa León XIV, retomando las banderas de la Rerum Novarum ("De las cosas nuevas") de León XIII, nos advierte:
“Sin justicia no se puede administrar el Estado.”
“La justicia no es un simple acto procesal: es virtud que distribuye a cada uno lo suyo y que se pone al servicio de los más débiles.”
“Un Estado sin justicia no es un Estado, sino una caricatura de poder que oprime a su pueblo.”
La justicia no puede quedar en la retórica. Debe hacerse acción concreta y reparación inmediata del daño causado por las políticas del presidente anarcocapitalista, salvaje, neoliberal y libertario Milei y sus secuaces, que buscan esclavizar al pueblo en la nueva esclavitud del siglo XXI: la esclavitud del hambre, la miseria, la desigualdad y la falta de derechos.
Por eso llamamos al pueblo argentino a una toma de conciencia profunda sobre el valor de la justicia, porque ella es la que hace posible la verdadera libertad.
Sin justicia social, caemos en cadenas invisibles que someten a millones.
Con justicia, somos libres e iguales en dignidad.
Por eso, afirmamos con fuerza:
La justicia es instrumento de paz y de bien común.
La justicia es garantía de la verdadera libertad, porque sin justicia social no hay libertad posible.
La justicia exige igualdad real, no sólo formal, entre todos los argentinos.
La justicia reclama reparar el mal, no sólo sancionarlo, porque cada injusticia tolerada es una herida abierta en el cuerpo de la Patria.
Hoy, más que nunca, urge un compromiso colectivo: magistrados, legisladores, trabajadores, estudiantes, comunidades religiosas y sociales, todos debemos levantar la bandera de la justicia como virtud superior, que trasciende los códigos procesales y se arraiga en la conciencia y el corazón del pueblo.
No hay futuro para la Argentina sin justicia social. No hay república posible mientras un presidente degrade los valores humanos y los jueces se escondan en la indiferencia. No hay libertad sin la virtud de la justicia.
Llamamos al pueblo argentino a organizarse, movilizarse y perseverar en la lucha por la justicia, porque sólo así construiremos una Nación que honre su Constitución, que respete los derechos humanos y que devuelva al pueblo la esperanza de un destino común.
¡La justicia es la base de la democracia!
¡La justicia es la garantía de la libertad!
¡La justicia social es la verdadera razón de ser de la República Argentina!
(*) Militante del Nuevo Modelo Formoseño.







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