Una oposición aniñada que no reconoce sus errores y apunta con el dedo
Lo que dice la oposición es algo que lo saben todos sus votantes y las nuevas generaciones también, no necesitan un mapa, ni explicaciones infladas como globos: ya se sabe del poder de Gildo Insfrán, de la capacidad de generar miedo en las personas, sobre todo en el interior, de esa calidad de hacerles creer a las personas que no tienen acceso a una educación plena, que el Estado y él, son lo mismo.
La oposición le debe una explicación, seria, con autocrítica, siendo severa consigo misma, pero a sus votantes, a la gente que otra vez, confió en ellos. No sirve ahora reconocer que la opción B era mejor que la A, no sirve ahora hablar de lo que se hizo mal cuando a diez kilómetros se veía que estaba mal.
El candidato número uno, al que todos apostaron por él, Fernando Carbajal, no superó el 20 por ciento de los votos, y durante las primeras horas del escrutinio provisorio del domingo 28 de junio, estuvo incluso por debajo del incipiente Francisco Paoltroni. Y en las mesas de interior profundo, el hombre del campo ganó por amplia diferencia sobre Carbajal, porque hizo el trabajo que el candidato número uno, que se confió en su estructura, ahora, no sabemos por qué, ya que contó que se sintió solo durante toda la campaña, y pensó que con el nombre era suficiente.
La verdad es que a Carbajal no lo conocían y no lo conocen aún. Más allá de lo que hizo con su equipo de prensa y difusión, que por supuesto pintarán otra cosa; la gente a pie iba a “escuchar qué dice ese que era juez”, “lo que habla el juez”, “el jue”, no se sabían ni el nombre.
Y a eso, sumarle a un infiltrado, a uno que jamás quiso que sea Carbajal el que lidere las lides del Frente Amplio Formoseño: Ricardo Buryaile, uno de los padres de la derrota, como lo señaló el ex juez federal y hoy diputado nacional.
Ricardo Buryaile dijo en una de las radios más escuchadas de Formosa que el principal candidato a gobernador no conoce la ciudad de Formosa, el distrito más grande, con más caudal de votos, se lo echó encima a su principal candidato. ¿Eso fue inocencia? Viniendo de Buryaile, con la experiencia que tiene encima, es difícil de pensarlo.
Pero más allá de esto, hay que reconocer que Carbajal nunca estuvo a la altura de ser el candidato. Una cosa es decirlo, otra es demostrarlo. Quizás en su rol de juez hizo más que en esta campaña donde supuestamente quería convencer a los ciudadanos que lo votaran como el próximo gobernador.
Vale para muestra una foto: el día que vino Horacio Rodríguez Larreta a Formosa por primera vez, ya en su condición de candidato a presidente; Gabriela Neme y todo su equipo, impusieron las condiciones. La foto principal era de Neme y todo su equipo con Larreta; el hombre que quiere ser gobernador, o quería, estaba desaparecido. Y era una foto importante.
Y luego sus discursos. Una cosa es ser objetivo, centrado; y otra muy distinta es ser pesimista y hablar con la camiseta y el cartel de perdedor. Resultaba hilarante escuchar cómo todos los que lo rodeadaban a Carbajal decían que él sería el próximo gobernador, y como aún estaba latente lo del reclamo a la Corte; muchos auguraban algo positivo.
Pero hablaba el hombre y todo se venía abajo. Hablaba de aceptar la derrota, hablaba de aprender a aceptar lo que la Corte diga o no. Proyectaba derrota, se lo veía derrotado. Y si se lo veía, claro está.
Y finalmente, como bien ilustra en esta oportunidad la imagen, Carbajal actuó como lo que demostró durante toda la campaña: un niño llevado y traído por todos. Sin fuerzas propias, y que terminó señalando a los dos popes del radicalismo, con la connotación positiva y negativa que ello implica: Ricardo Buryaile y Luis Naidenoff; y lo sumó a nivel local al presidente de la UCR, Osvaldo Zárate.
No, ese no es el liderazgo que se espera de un candidato a gobernador, y mucho menos de alguien que ahora, buscará ser senador nacional cuando es diputado nacional y le quedan 2 años de mandato. ¿Para qué? ¿Qué quiere lograr así? Escalar más, solo eso. Otra explicación posible no hay.
Carbajal perdió básicamente porque se dejó manejar como un niño, porque empezó su campaña tarde y debe darle gracias a la estructura, a la bendita “estructura” de la UCR que terminó segundo, que la gente votó más al partido que al candidato, porque si en su lugar hubiese estado Francisco Paoltroni, el papelón habría sido mucho más grande.
Le falta madurar mucho a esta oposición, y con Carbajal muchos se esperanzaron, pero terminó demostrando que es más de lo mismo. Y así, con Gildo eligiendo a sus referentes opositores, obviamente habrá gildismo para rato.







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