Opinión
Exclusivo de NOVA

Preámbulo histórico y doctrinario

Documento de opinión doctrinaria que cuestiona la reforma laboral y reclama coherencia política dentro del justicialismo, desde una mirada histórica y sindical.

Por Daniel Omar Montiel, especial para NOVA

El movimiento nacional justicialista no es solamente una tradición política: es una concepción de la Nación, de la justicia y del destino humano basada en la dignidad del trabajo, la soberanía del pueblo y la justicia social como principio moral.

 

Desde el 17 de Octubre de 1945, el peronismo quedó unido de manera indisoluble al destino del trabajador argentino. No como consigna, sino como razón de ser.

Por esa razón, cada vez que se vulneran los derechos del trabajo, no se está afectando solamente una ley o un sector social: se está atacando el corazón mismo de la doctrina justicialista.

Y cuando esa vulneración es acompañada por dirigentes que llegaron a sus cargos por el voto peronista del pueblo, el problema deja de ser político para convertirse en moral y doctrinario.

Desde esa conciencia histórica y desde esa responsabilidad nace y se sostiene el siguiente manifiesto.

Manifiesto de lealtad al pueblo trabajador

¡Expulsión a los traidores del justicialismo!

“Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar.” — Juan Domingo Perón

El peronismo no nació en los salones del poder. Nació en las fábricas, en los talleres, en el sudor del obrero y en la dignidad de la mujer trabajadora.

Nació como una revolución social pacífica que colocó al trabajador en el centro de la Nación.
Nació para que la política dejara de ser privilegio de minorías y se convirtiera en instrumento de justicia para las mayorías.

Nació para romper cadenas. No para administrarlas.

Nació para conquistar derechos. No para retroceder ante el poder económico.

Hoy el pueblo trabajador vuelve a ser herido. Y lo más grave no es sólo la agresión externa, sino la complicidad interna.

Hoy la herida no proviene únicamente de sectores históricamente enfrentados a la justicia social, sino de quienes, habiendo llegado al poder por el voto peronista del pueblo trabajador, han acompañado con su voto una nefasta reforma laboral neoliberal incompatible con los principios del peronismo y con la justicia social, que debilita derechos conquistados por generaciones de argentinos.

I. La traición no puede habitar el movimiento

Los gobernadores que se dicen peronistas y que llegaron a sus cargos por el voto del pueblo justicialista, y que permitieron que sus senadores votaran a favor de esta nefasta reforma laboral neoliberal incompatible con el peronismo, han quebrado el pacto sagrado entre el justicialismo y el pueblo.

Los senadores y diputados nacionales que accedieron a sus bancas por el voto peronista del pueblo trabajador y que levantaron su mano contra los derechos laborales han roto el mandato histórico de Perón y Evita.

No se trata de dirigentes ajenos al movimiento. Se trata de representantes que alcanzaron sus responsabilidades institucionales gracias a la confianza del electorado peronista.

Han acompañado una norma que implica retroceso social, precarización y debilitamiento del trabajador, contrariando la esencia misma del movimiento nacional justicialista.

No se puede llamarse peronista y votar contra el trabajador.
No se puede invocar la justicia social mientras se consagra el retroceso social.
No se puede usar el escudo justicialista para legitimar la precarización.

Eva Perón fue clara cuando afirmó: “Yo no concibo la política sino como un apostolado al servicio de los humildes.”
Y también dejó grabada para siempre una verdad moral: “Donde hay una necesidad, nace un derecho.”

Votar a favor de una reforma laboral neoliberal que recorta derechos del trabajador es negar esa concepción moral del peronismo.

El peronismo no es un refugio para oportunistas. Es una causa.
Es doctrina.
Es compromiso.
Es lealtad al pueblo trabajador.

II. La advertencia histórica de Perón

Juan Domingo Perón lo dijo con claridad en un contexto donde advertía a la dirigencia sobre el peligro de apartarse del pueblo:

“El pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes.”

Perón no convocaba al desorden ni a la violencia. Advertía una verdad política profunda: cuando los dirigentes dejan de representar al pueblo, el pueblo los supera.

Era una advertencia a la conducción para que jamás se separara de las bases, para que jamás traicionara la justicia social, para que jamás olvidara que la legitimidad del dirigente nace exclusivamente de su fidelidad al pueblo trabajador que lo eligió.

Cuando la conducción traiciona su mandato, la historia la reemplaza.

Hoy esa advertencia vuelve a resonar ante todos aquellos que, habiendo recibido el voto peronista del pueblo, eligieron apartarse del mandato doctrinario al acompañar una reforma laboral neoliberal incompatible con la doctrina justicialista.

Perón también enseñó:

“Cada peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal.”

Lo dijo para expresar que el movimiento no depende de nombres propios sino de la conciencia activa de su pueblo.

Significa que cada militante y cada ciudadano peronista tiene la responsabilidad histórica de defender la doctrina cuando quienes ocupan cargos circunstanciales se apartan de ella.

El bastón de mariscal simboliza que la autoridad moral última reside en el pueblo y en la doctrina, no en los cargos.

Desde esa visión de Perón —desde esa responsabilidad que cada peronista lleva en su mochila— nace este manifiesto.

No por ambición.
No por interna.
Sino por lealtad al pueblo que otorgó su voto confiando en la defensa irrestricta de sus derechos.

III. Incompatibilidad absoluta

Quien vote contra el trabajador se coloca fuera del justicialismo.

Especialmente cuando ha llegado a su cargo gracias al voto peronista del pueblo trabajador.

No por decisión arbitraria, sino por incompatibilidad doctrinaria.

Porque el peronismo es:

Justicia social o no es nada.
Defensa del trabajo y el trabajador o no es nada.
Lealtad al pueblo o no es nada.

Una reforma laboral neoliberal que reduce derechos del trabajador es, por definición, incompatible con estos principios.

El peronismo no es una estructura electoral vacía. Es una doctrina humanista, nacional y social que coloca al trabajador en el centro de la comunidad organizada.

La doctrina no es decorativa.
La doctrina obliga.

IV. Exigimos

Ante esta ruptura doctrinaria y moral, exigimos:

La identificación pública de todos los gobernadores que se dicen peronistas y cuyos representantes legislativos votaron a favor de la nefasta reforma laboral neoliberal incompatible con el peronismo.

La identificación de todos los senadores y diputados nacionales que llegaron a sus cargos por el voto peronista del pueblo y que votaron a favor de dicha reforma.

La apertura inmediata de los mecanismos y tribunales partidarios correspondientes.

La expulsión del Partido Justicialista de los gobernadores que hayan avalado o facilitado esta votación contraria a los intereses del pueblo trabajador.

La expulsión inmediata del Partido Justicialista de los senadores y diputados nacionales que votaron a favor de la reforma laboral en perjuicio de los derechos laborales conquistados históricamente.

No es una cuestión personal.
Es una cuestión doctrinaria.

Es una cuestión de identidad.
Es una cuestión de lealtad al pueblo que los eligió.

V. La hora de la definición

Hoy cada dirigente debe elegir:

O está con el pueblo trabajador.
O está con quienes lo perjudican.

No hay tercera posición cuando la justicia social está en riesgo.

El peronismo será fiel a su historia… o será apenas una sigla vacía.

Porque el pueblo, como enseñó Perón, siempre marcha. Y cuando marcha, exige coherencia.

Y porque cada peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal, asume la responsabilidad de defender la doctrina cuando ésta es traicionada.

Nosotros elegimos la lealtad.
Elegimos la doctrina.
Elegimos al pueblo.

VI. Clausura

El peronismo nació para liberar al trabajador, no para resignarlo.

Quien vote contra el pueblo trabajador se aparta por sus propios actos de la doctrina justicialista.

La lealtad no se declama: se demuestra.

Y el pueblo siempre sabe quién está de su lado.

¡VIVA PERÓN! ¡VIVA EVITA!
¡FUERA LOS TRAIDORES DEL PERONISMO!

Declaración final

Este manifiesto no es un documento circunstancial.
Es una reafirmación de principios.

El justicialismo no puede sobrevivir si renuncia a su razón de ser.
Y su razón de ser es el trabajador, la justicia social y la dignidad humana.

Cuando esas banderas se defienden, el peronismo vive.
Cuando se abandonan, el peronismo deja de existir aunque permanezcan los nombres y las estructuras.

Por eso, este pronunciamiento no nace del rencor sino de la responsabilidad histórica.
No nace de la interna sino de la doctrina.
No nace del interés sino de la lealtad.

Y la lealtad, en el peronismo, siempre tiene un solo destinatario: el pueblo.

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