Opinión
Revolución humana

Pensando en el nuevo modelo formoseño y sus principios rectores

Daniel Omar Montiel, autor del documento, plantea una toma de posición explícita frente al poder, el mercado y la política, y define al nuevo modelo formoseño como una decisión ética e histórica.

Por Daniel Omar Montiel (*), especial para NOVA

Por Daniel Omar Montiel (*), especial para NOVA

Manifiesto de conciencia, ética, espíritu y revolución humana

No pienso desde la comodidad del poder
ni desde la tibieza que justifica la injusticia.
No pienso desde la neutralidad cómplice
ni desde el cálculo oportunista.

Pienso de pie,
con la historia detrás
y el pueblo delante.

Pensar el nuevo modelo formoseño
no es repetir una consigna:
es asumir una opción ética,
una decisión moral
y una praxis política encarnada
en la vida concreta del pueblo.

Pensar este modelo es tomar partido.
Porque toda verdad que entra en la historia
entra en conflicto con el poder injusto.
Y no hay neutralidad posible
cuando la dignidad humana es pisoteada.

Este proyecto no nació del vacío.
Tiene nombre, conducción y raíces profundas.
El nuevo modelo formoseño fue creado y pensado por Gildo Insfrán, gobernador de Formosa,
patriota argentino, peronista,
ideólogo y conductor de un proyecto político
orientado al bien común,
a la grandeza de la Patria
y a la felicidad del pueblo.

Por eso es difamado
por los enemigos del pueblo formoseño
y de la Patria argentina:
cipayos, traidores y vendepatria,
que nunca perdonarán
a quien gobierna para los humildes
y no para los poderes concentrados.

I. La ética sobre la técnica
(Contra la técnica sin alma)

Cuando la técnica se divorcia de la ética,
deja de ser progreso
y se convierte en dominación sofisticada.

Es el algoritmo decidiendo quién vive y quién sobra.
Es el Excel justificando el hambre.
Es la eficiencia usada para legitimar la crueldad.

El nuevo modelo formoseño afirma, sin ambigüedades:
la técnica debe servir a la vida,
no la vida someterse a la técnica.

Gobernar no es administrar cifras
ni optimizar balances,
sino cuidar personas concretas,
con nombre, rostro e historia.

Cuando la técnica no obedece a la ética,
se transforma en instrumento del mal.

II. El bien moral sobre el interés
(Contra el interés convertido en ley)

El interés puede justificarlo todo.
El bien moral, no.

Cuando el interés privado se vuelve ley pública,
la democracia muere,
aunque conserve sus formas.

Aquí se elige el camino más exigente:
hacer lo que es justo,
aunque no sea rentable;
hacer lo que es correcto,
aunque no convenga.

Porque no todo lo legal es justo
y no todo lo rentable es humano.

Un Estado que sacrifica la moral
en nombre del mercado
termina sacrificando al pueblo.

III. El bien común sobre el individualismo
(Contra el “sálvese quien pueda”)

No hay libertad posible
cuando el “sálvese quien pueda”
se convierte en doctrina.

El individualismo no libera:
aísla, fragmenta y enfrenta.
Convierte al hermano en competidor
y al prójimo en estorbo.

El nuevo modelo formoseño sostiene
una verdad profundamente subversiva:
nadie se realiza solo,
nadie se salva solo.

La comunidad no es un obstáculo:
es la condición de la dignidad.

El bien común no aplasta al individuo:
lo hace posible.

IV. Las personas sobre las cosas
(Contra la dictadura del dinero)

Cuando las cosas valen más que las personas,
la sociedad se deshumaniza.

Cuando el dinero manda,
el ser humano sobra.

Se ajusta al jubilado,
se descarta al enfermo,
se criminaliza al pobre
y se glorifica al rico improductivo.

Este modelo invierte el orden perverso:
la economía al servicio de la vida,
el Estado como herramienta del pueblo,
y no el pueblo como variable de ajuste.

Esto no es ideología:
es justicia social concreta.

V. El espíritu sobre la materia
(Denuncia profética contra el poder deshumanizante)

Cuando la materia se convierte en fin
y no en medio,
el ser humano es reducido a objeto, a número, a descarte.

Un proyecto político sin espíritu
puede administrar recursos,
pero jamás puede construir comunidad.

Puede concentrar riqueza,
pero vacía el sentido de la vida colectiva.

Por eso afirmamos, con claridad:
el espíritu debe gobernar a la materia,
la ética a la economía,
la conciencia al poder,
la dignidad al mercado.

Esta visión no es abstracta.
Fue pensada, defendida y ejecutada
por Gildo Insfrán,
quien no dejó —ni deja—
de bregar por la Patria
y por la felicidad del pueblo,
aun bajo el ataque permanente
de los mismos sectores
que históricamente entregaron la Nación.

Denuncio, sin eufemismos,
al poder que:
destruye el Estado y lo llama libertad,
reprime la protesta y la llama orden,
hambrea al pueblo y lo llama sacrificio,
mercantiliza la vida y se proclama moderno,
concentra la riqueza y se autodenomina exitoso.

Eso no es progreso.
Eso es vaciamiento espiritual.

Ese poder no gobierna:
administra la crueldad.

VI. Revolución en paz, ética, política y espiritual

La verdadera revolución
no empieza en las armas,
sino en la conciencia.

Es una revolución de valores,
de prioridades,
de sentido histórico.

Revolucionario es poner la vida
por encima del mercado.

Revolucionario es gobernar para los últimos.

Revolucionario es no traicionar al pueblo
cuando el poder seduce.

Este es el corazón del
nuevo modelo formoseño:

una revolución en paz, humana, peronista, profundamente ética y política.

VII. Testimonio, conducción y toma de partido

No hablo desde la teoría.
Hablo desde una fe vivida
y una militancia sostenida en el tiempo.

Creo en Dios sin vergüenza
y en el ser humano con dignidad.

Creo que la política es una forma elevada de amor
cuando se ejerce con justicia.

Pensar el nuevo modelo formoseño
no es un ejercicio intelectual:
es una decisión histórica.

O se gobierna para el capital
o se gobierna para el pueblo.

O se cuida la vida
o se la sacrifica en el altar del mercado.

Yo ya tomé partido.

No del lado de los vencedores,
sino del lado de los justos.

Porque, después de todo,
de eso se trata la política:
de servir al pueblo
y servir a la Patria.

Y cuando la política abandona la ética,
el pueblo se rebela.

Pero cuando el pueblo se organiza
con conciencia, espíritu y conducción,
la historia cambia de rumbo.

(*) Militante del nuevo modelo formoseño. Hijo de la Patria argentina.

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