Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
El calor formoseño caía como plomo derretido cuando el respetado periodista Martín Vestiga volvía a cruzarse, otra vez, con el personaje más temido por los pulmones ajenos y la paciencia ciudadana: Tito Rosca.
El encuentro fue en una vereda cualquiera, aunque el olor a cigarrillo rancio y conspiración política avisó desde lejos que algo estaba por suceder. Tito Rosca, con su habitual sonrisa de villano de radioteatro y un humo espeso rodeándole la cabeza como si fuera un efecto especial del infierno, no tardó en largar la bomba.
"Che, Martín Vestiga, ¿sabías que Darío Di Martino anda paseando por Holanda con la familia?", chusmeó Tito Rosca, bajando la voz como si revelara secretos de Estado… Aunque levantándola lo suficiente para que escuche medio barrio.
Según el relato, antes de emprender el tour europeo con aroma a tulipanes y quesos caros, el presidente del Concejo Deliberante de la capital formoseña habría hecho una escala más terrenal pero igual de jugosa: la compra de un departamento en las Torres Costanera de Formosa para su hija. Todo muy familiar, muy afectuoso, muy… Inmobiliariamente estratégico.
Martín Vestiga, con la libreta mental siempre activa, escuchaba en silencio mientras Tito Rosca seguía descargando datos como si fueran colillas en el asfalto.
La escena era perfecta: un dirigente del norte argentino viviendo una vida digna de realeza europea, financiada no por castillos medievales ni coronas heredadas, sino por años y años de votos alineados al eterno poder de Gildo Insfrán. Una monarquía sin corona, pero con viáticos, pasajes internacionales y departamentos con vista al río.
Así, mientras Formosa sigue esperando milagros terrenales, parte de su clase dirigente parece haber encontrado el paraíso en el hemisferio norte. Viajes, propiedades y estilo de vida premium, todo bendecido por la estabilidad política más duradera del país.
Tito Rosca apagó su cigarrillo, largó una carcajada satánica y se perdió en la esquina, dejando a Martín Vestiga con una certeza incómoda: en Formosa, algunos gobiernan como príncipes europeos, aunque juren vivir para el pueblo.
¡Miralo a "Duraznito"!







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