Opinión
Llamado histórico continental

Manifiesto por la liberación de la patria grande

Daniel Omar Montiel, militante del Nuevo Modelo Formoseño, firma este texto político centrado en la soberanía nacional, la unidad latinoamericana y el pensamiento del papa Francisco.

Por Daniel Omar Montiel (*), especial para NOVA

El sueño inconcluso de San Martín, Bolívar y el clamor de los pueblos según Francisco

Latinoamérica no nació para ser factoría.

No fue engendrada para servir como patio trasero, cantera de recursos o reservorio de mano de obra barata.

Nuestra historia es historia de pueblos que luchan, de pueblos que resisten, de pueblos que sueñan.

El papa Francisco lo dice con claridad profética:

Latinoamérica sigue caminando lentamente el sueño de San Martín y Bolívar, un sueño de unidad, soberanía y dignidad, frustrado una y otra vez por imperialismos explotadores que cambian de nombre, de rostro y de método, pero no de lógica.

Hoy ese imperialismo se llama neoliberalismo antipatria.

Un sistema que no gobierna pueblos sino mercados,
que no reconoce ciudadanos sino costos,
que no ama la patria sino la rentabilidad.

Ese modelo no llega solo.

Llega con élites locales cómplices,
con dirigentes cipayos,
con vendepatrias que entregan soberanía a cambio de aplausos extranjeros,
con presidentes y gobiernos que administran la colonia mientras hablan de libertad.

La patria no se vende, se ama y se defiende

San Martín no cruzó los Andes para enriquecer corporaciones.

Bolívar no liberó pueblos para que vuelvan a ser sometidos por deudas, bases militares o tratados desiguales.

La independencia fue política, económica, cultural y espiritual, o no fue.

Francisco lo advierte:

“Los imperialismos siempre buscan ocupar espacios; la grandeza de los pueblos es iniciar procesos.”

El neoliberalismo ocupa espacios:
territorios, conciencias, economías, Estados.

Los pueblos, en cambio, inician procesos históricos, lentos pero irreversibles, cuando se organizan, se reconocen y se aman a sí mismos.

Unidad o colonia

El sueño de San Martín y Bolívar no era ideológico, era histórico y popular:

la unidad latinoamericana en la diversidad,
donde cada pueblo conserve su identidad
y al mismo tiempo necesite la identidad del otro.

Sin unidad, somos débiles.

Sin soberanía, somos colonia.

Sin conciencia histórica, somos fácilmente manipulables.

Por eso Francisco insiste:

La realidad es superior a la idea: no sirven discursos vacíos mientras el pueblo sufre.

El todo es superior a la parte: la patria está por encima de los intereses sectoriales.

La unidad es superior al conflicto: el conflicto permanente fragmenta y debilita.

El tiempo es superior al espacio: los procesos populares valen más que la ocupación momentánea del poder.

No se sale solo, o salimos todos o no sale nadie

El neoliberalismo propone salvaciones individuales.

Francisco responde con una verdad simple y devastadora:

“De la crisis no se sale solo.”

Cuando un país se salva entregándose, sale mal.

Cuando una élite se salva sacrificando al pueblo, sale sola.

Cuando una nación convierte la crisis en negocio, queda aprisionada.

La salida es colectiva, solidaria y nacional.

Tomando la mano del otro.

Reconstruyendo el Estado como herramienta del bien común.

Defendiendo el trabajo, la industria, la educación y la soberanía.

Iglesia, pueblo y memoria

Francisco recuerda una Iglesia cercana al pueblo, no de capataces ni de estancias.

Una Iglesia que camina con los pobres, escucha a los pueblos y reconoce su protagonismo histórico.

Y recuerda algo esencial para la liberación:
el diálogo entre jóvenes y viejos.

Sin memoria no hay futuro.
Sin raíces no hay patria.

Los pueblos que olvidan su historia repiten su sometimiento.

Declaración final

La patria no es una empresa.

La nación no es una mercancía.

El pueblo no es descartable.

Frente al avance del neoliberalismo colonial,
frente a la entrega a potencias extranjeras,
frente a los gobiernos que gobiernan para afuera,
reafirmamos el sueño inconcluso de San Martín y Bolívar,
la palabra viva del papa Francisco,
y el derecho sagrado de los pueblos a ser libres.

Porque Latinoamérica no está derrotada:
está en camino.

Lento, sí.
Difícil, sí.
Pero inevitable.

Y cuando los pueblos despiertan, ningún imperio los puede detener.

Argentina hoy: entre la patria y la colonia

La Argentina atraviesa una hora grave de su historia.

No es solo una crisis económica: es una crisis de soberanía, de sentido y de destino nacional.

En el marco del avance imperial global, nuestro país es nuevamente disputado como botín.

El poder yanqui, los intereses ingleses, el sionismo financiero internacional y las corporaciones transnacionales no llegan con ejércitos visibles, sino con deuda, condicionamientos, tratados desiguales y gobiernos obedientes.

La patria es fragmentada, el Estado es vaciado,
los recursos estratégicos son entregados,
el trabajo es precarizado
y el pueblo es empujado a la resignación o al descarte.

Francisco lo advierte sin eufemismos:

los imperialismos explotan, ocupan espacios,
se aprovechan de las crisis y convierten a los países en factorías dependientes, sin proyecto propio.

Argentina hoy corre el riesgo de dejar de pensarse como nación
para pensarse como negocio.

Y cuando un país deja de amarse a sí mismo,
otros vienen rápidamente a poseerlo.

Un llamado a los argentinos desde el magisterio de francisco

A los argentinos, Francisco nos habla como pastor y como hijo de esta tierra.

Nos recuerda que amar a la patria no es nacionalismo vacío,
sino compromiso concreto con el bien común,
con los pobres, con el trabajo, con la producción, con la soberanía.

Nos enseña que:

La realidad es superior a la ideología: no se puede gobernar de espaldas al sufrimiento del pueblo.

La unidad es superior al conflicto: dividir a los argentinos es funcional a los poderes que saquean.

El todo es superior a la parte: la patria está por encima de intereses personales, financieros o extranjeros.

El tiempo es superior al espacio: reconstruir la nación exige procesos, no marketing ni subordinación.

Francisco nos llama a recuperar el amor por la patria como virtud moral,
a no confundir libertad con entrega,
ni modernidad con dependencia,
ni ajuste con destino.

Argentina no está condenada a ser colonia.
Pero nada se salva solo.

O nos salvamos como pueblo, o no se salva nadie.

Este es el tiempo de pensar la Argentina desde su raíz,
desde su historia,
desde San Martín,
desde los pueblos,
desde el sueño inconcluso de la patria grande.

Porque cuando un pueblo recuerda quién es,
cuando se anima a amarse,
cuando escucha a sus profetas, ningún imperio puede robarle el futuro.

(*) Militante del Nuevo Modelo Formoseño. Hijo de la patria argentina.

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