Política
Adoctrinamiento con recursos del Estado

Insólito: Insfrán entregó juguetes con su nombre y militantes se disfrazaron de los Reyes Magos

Juguetes con el nombre y el sello electoral de Gildo Insfrán fueron distribuidos en actos atravesados por simbología partidaria. (Dibujo: NOVA)

Lo que desde los canales oficiales se presenta como una acción solidaria del Estado provincial dista mucho de ser una política pública institucional.

La distribución de juguetes fue difundida como si se tratara de un gesto personal del gobernador Gildo Insfrán, y no de una iniciativa financiada con fondos públicos provenientes de los impuestos de todos los formoseños y de la coparticipación nacional.

Las imágenes difundidas no dejan lugar a dudas: las bolsitas de juguetes llevan impreso el nombre y el logo electoral del mandatario, mientras el sello del Gobierno de Formosa brilla por su ausencia.

No es un detalle anecdótico, sino una práctica reiterada que busca apropiarse políticamente de recursos estatales, transformando una acción social en propaganda personalizada.

Este mecanismo, repetido y naturalizado, convierte al Estado en una herramienta de construcción de culto al líder, donde la asistencia social se presenta como un favor y no como un derecho.

Bajo la apariencia de un acto solidario, se refuerza una lógica de campaña permanente y se instala el mensaje de que los beneficios dependen de la figura del gobernador, no de una política pública garantizada.

La escena se completa con un componente aún más preocupante: la entrega de los juguetes no se realiza de manera neutral ni institucional, sino rodeada de banderas, camisetas y consignas del Partido Justicialista, con militantes de la agrupación 17 de Octubre encabezando el operativo.

Entre quienes aparecen vinculados a estas actividades figuran dirigentes del llamado gildismo duro, como Blanca Denis, Petú Argañaraz y Marcelo Sosa, nombres que arrastran denuncias por narcotráfico, violencia de género y presuntas irregularidades en el manejo de fondos públicos.

Lejos de tratarse de hechos aislados, forman parte de una estructura política que desde hace décadas utiliza sin pudor los recursos provinciales para consolidar poder y sostener la continuidad del denominado “modelo formoseño”.

Así, lo que debería ser una política social seria, con identidad institucional y reglas claras, se degrada a una operación de marketing político dirigida incluso a la infancia. Se enseña a los más chicos que los derechos no se reclaman al Estado, sino que se agradecen al líder de turno.

En Formosa, ni los juguetes escapan a esta lógica feudal: llevan nombre propio, colores partidarios y militantes como intermediarios obligados.

Un mensaje tan explícito como peligroso para una sociedad que necesita educación cívica y ciudadanía crítica, no adoctrinamiento desde la cuna.

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