Desde hace más de 30 años, Gildo Insfrán gobierna Formosa como un cacique feudal, con más poder que un rey, menos transparencia que una caja negra y la sensibilidad de un zángano hormonal. Ahora lo enfrentan diputados nacionales: llegaron para “sacarle la careta” a este déspota que mantiene su reino con represión, corrupción y mentiras
El sátrapa provincial fue imputado por malversación de fondos públicos, falsedad ideológica y abuso de autoridad. ¿Su gran jugada? Desviar 1660 millones del Estado a las arcas del Partido Justicialista local, disfrazado todo de ONG fantasmal.
¿“Proscripción”? No, gobernador.
— Sabrina Ajmechet (@ajmechet) June 11, 2025
A Cristina la condenaron tres veces porque se afanó todo.
Acá no hay impunidad ni fueros que valgan: en una República, la Justicia manda.
Y este jueves vamos a tu Formosa con la Comisión de Derechos Humanos. Vamos a mostrar cómo manejás tu… https://t.co/myUByI31GF
Pero ahí no termina su repertorio de villano. Insfrán rompió todo resabio democrático durante la pandemia: montó centros de aislamiento, reprimió manifestaciones con gases vencidos y balas de goma, y convirtió a la provincia en un laboratorio de abuso institucional. El poder judicial local es puro eco de su voluntad: callan denuncias, cajonean causas y ningunean víctimas.
¿Y para ponerle la cerecita al circo? Insfrán se manda insultos de ultratumba dignos de sorete primitivo: llamó a los porteños “reverendos hijos de su madre”, “zánganos” y con “atraso mental”. Se jacta de su ignorancia y se burla del país.
La democracia en Formosa está en terapia intensiva. La visita de diputadas como Sabrina Ajmechet revela realidades que horas antes el sátrapa trataba de silenciar: torturas a indígenas wichí, contaminación con rectitis, violencia institucional, encubrimientos judiciales y corrupción sin fronteras.
Mientras tanto, Insfrán negocia internas, media con la condenada Cristina Kirchner y el retrasado mental de Axel Kicillof, y se fuma quejarse por una “proscripción” inexistente. Para él, todo se reduce a su ego y a blindarse contra la justicia federal que ya le imputó una larga lista de delitos, mientras sus fieles aplauden como simios disciplinados.
Lo peor: este zángano sigue creciendo gracias al clientelismo. Formoseños esclavizados a empleos públicos dependientes del Estado, sin chance de progresar, bajo una estructura que impide el impulso privado. Así se perpetúa el régimen feudal.







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