Insfrán convierte la Fiesta de la Corvina en un acto político y deja de lado a los pescadores
La Fiesta de la Corvina, que alguna vez prometió ser un evento de relevancia para la pesca deportiva y el turismo, se ha convertido en un espectáculo lamentable de propaganda gubernamental.
Mientras en otras provincias los eventos pesqueros tienen como protagonistas a los verdaderos participantes, en Formosa la imagen de Gildo Insfrán y su séquito de funcionarios acapara toda la atención, relegando a los pescadores y organizadores a un segundo plano.
¡Compartimos con gran entusiasmo la XXII Fiesta Nacional de la Corvina de río en la hermosa localidad de Herradura!
— Gobierno de Formosa (@GobiernoFormosa) March 2, 2025
Con una gran convocatoria y mucha emoción, vivimos la competencia de pesca con más de 670 equipos, en la categoría de pesca a remo. pic.twitter.com/26pqiA2Amt
El experto en turismo Bedoya ha denunciado en reiteradas ocasiones la desproporción del presupuesto asignado a esta celebración en comparación con festivales de prestigio, como la Fiesta Nacional del Surubí en Goya, un evento que sí se enfoca en quienes realmente importan: los pescadores.
En cambio, la Fiesta de la Corvina ha sido utilizada por el gobierno formoseño como una plataforma de autopromoción sin generar verdadero impacto en la comunidad pesquera ni en el desarrollo turístico.
A esto se suma la falta de infraestructura, apoyo a los artistas y premios dignos para los ganadores, falencias que se han mantenido a lo largo de los años sin intención alguna de ser corregidas.
"Tuvieron una década para mejorarla y hacerla crecer en beneficio de todos, pero solo les preocupó rendir pleitesía al amo y señor", sentenció Bedoya, en alusión al dominio absoluto de Insfrán sobre la provincia.
De torneo de pesca a acto político
Lo que debía ser un evento de pesca de relevancia internacional terminó convertido en un operativo más del programa "Por Nuestra Gente Todo", donde los funcionarios se dedicaron más a hacer campaña que a garantizar una competencia digna para la comunidad pesquera.
Para Bedoya, la solución es evidente: sacar la política del evento, convocar a especialistas en turismo y permitir la participación del sector privado. "El fanatismo político es innecesario en una fiesta que debería ser de los pescadores, no de los funcionarios de turno", afirmó.
El resultado de la última edición deja en claro que la Fiesta de la Corvina nunca tuvo como objetivo el desarrollo turístico ni la promoción de Formosa como destino pesquero.
Desde su origen, fue un simple acto político disfrazado de torneo, financiado con fondos públicos que podrían haberse utilizado en inversiones reales para el sector.
Con la fiesta en decadencia y el desprestigio a la vista de todos, la gran incógnita es si el gobierno provincial alguna vez tendrá la voluntad de transformarla en lo que debería haber sido desde un principio: un verdadero evento para los pescadores y el pueblo formoseño.







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