La Provincia
Estaba en Salta

Formoseño estuvo 19 años desaparecido

Belén Ruiz y Vanesa Morales se movilizaron para ayudar, alimentar y abrigar a Anselmo, y para buscar a su familia: lo lograron.
Vanesa, Anselmo y Belén camino a la frontera entre Formosa y Salta. Desde allí una ambulancia lo dejó en un hospital donde la realizarán estudios antes de permitir reencontrarse con su familia.

Anselmo Mendoza tiene 54 años y se había ido de Formosa en busca de trabajo. Estaba en Orán, Salta, en estado de indigencia y con una hernia severa. Dos jóvenes lo asistieron y publicaron su historia en las redes sociales. A los pocos días, una sobrina lo reconoció.

En Pichanal, una ciudad de 30 mil habitantes perteneciente al departamento de Orán y ubicada sobre la esquina noreste de la provincia de Salta, lo conocen todos.

Era un changarín más: hacía los mandados, limpiaba las veredas. Vivía con un grupo de indígenas en el cruce de la Ruta Nacional 34. No alteraba el paisaje ni preocupaba a nadie. No lo hizo cuando era alguien normal. No lo hizo cuando su deterioro lo llevó a dormir en la calle, deambular sin pantalones y hurgar los basurales.

Belén Ruiz vio una persona tendida a la vera de la ruta. No lo reconoció cuando lo vio. Pensó que era otra persona en situación de indigencia y vagabundeo. Era Anselmo en un estado deplorable. Con ayuda de su pareja, lo levantó, lo asistió y lo puso bajo el resguardo de una garita de colectivo. 

Recurrió a su cuenta de Facebook para publicar en el grupo público “Trueque Pichanal” la consulta sobre su paradero. “Necesito que me den una mano para buscar a este señor. La ambulancia lo buscó pero él se fue del hospital. Quiero ubicarlo para que se lo pueda ayudar. Necesita atención médica, no puede estar así. Necesito gente dispuesta a actuar en estos casos, porque las palabras se las lleva el viento”, escribió. Cerró el mensaje con su número de teléfono. Indirectamente asumió la responsabilidad de su bienestar.

Alguien le dijo que lo vio caminando descalzo hacia el basural del río San Francisco, a tres kilómetros del corazón del pueblo. Belén y su amiga Vanesa Morales lo encontraron ahí sucio, rengo y deshidratado. Pidieron ropa y comida por las redes sociales.  Llamaron a la ambulancia -la esperaron cuatro horas- y lo escoltaron de nuevo al hospital. “Lo pusieron en observación, no le dieron ninguna medicación y se volvió a escapar”, contó quien de pronto se había vuelto su cuidadora.

Él les había dicho que había nacido en Formosa y que se llamaba Elino Mendoza, pero después se olvidaba, alucinaba o simplemente sonreía. Intensificaron y expandieron el radar de búsqueda a su provincia natal.

La exploración por Facebook había sido exitosa. La sobrina advirtió que Elino Mendoza podía ser su tío Anselmo, porque Elino, su otro tío, vive en Buenos Aires. Anselmo dijo que se llamaba como uno de sus ocho hermanos. La sobrina le contó que la mamá, Zulema, se había muerto de pena extrañándolo y que les había pedido a sus hijos y a sus nietos que no dejaran de buscarlo. “Supuestamente él salió a trabajar en un campo con animales y no volvió más”, relató Belén.

Su familia se encargó de los trámites de repatriación. Pero las fronteras de la provincia de Formosa están prácticamente selladas desde el comienzo de la pandemia para prevenir la propagación del virus. Al principio, no autorizaron el ingreso de Anselmo al territorio formoseño ni la salida de sus familiares. Luego intervino el ministerio de Desarrollo Humano de la provincia: exigió un hisopado negativo y el aislamiento preventivo en un hospital durante catorce días.

Lectores: 482

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: