La Provincia
Coronavirus en Formosa

Es discapacitada, estuvo "dos veces varada" y la "hicieron pasar por loca"

Gildo Insfrán preside el Consejo del COVID-19.

Ella tiene 31 años y a principios de mayo tramitó la solicitud oficial de ingreso a Formosa. Recién en la madrugada de este miércoles logró entrar a la provincia. Es una de las 8.300 personas varadas en el marco de la pandemia del coronavirus que volverán gracias al "ingreso masivo" que ordenó la Corte Suprema de Justicia.

El fallo "derribó" el muro de Gildo Insfrán, como las y los afectados llaman a la restricción dispuesta por el gobernador formoseño. Para ella fueron 6 meses de espera y un habeas corpus ​le permitió entrar justo el mismo día en que el resto podía hacerlo.

Su historia como varada es singular. No le permitían volver pese a su estado de Salud "delicadísimo": además de que un certificado de discapacidad, la traqueotomía que le impide hablar, tiene una placa de titanio y clavos en la 5ta y 6ta vértebra cervical y también el antecedente de una reciente operación de la vena cava del corazón en la que le insertaron un dispositivo metálico para evitar una trombosis. Su marido -que a la vez es su tutor- continúa varado en Buenos Aires y cuenta a Clarín la historia.

¿Cuál era el principal problema que le impedía volver a Formosa? ¿Por qué quería volver a Formosa? "Mi mujer tiene residencia en la Ciudad de Buenos Aires (donde ambos viven) y Gildo (Insfrán) quería solo residentes y de a poco", detalla el hombre. "Su madre tiene cáncer avanzado y necesitaba verla".

El permiso para "ingreso masivo" de los varados no parte del gobierno formoseño, que durante más de 7 meses cerró la frontera provincial, sino de la Corte Suprema nacional, que ordenó que "en un plazo máximo de 15 días hábiles" se permita la entrada al territorio de más de 8 mil personas.

Al cierre de esta nota, eran 500 las que tenían el permiso de ingreso en el día. En el caso de la mujer de esta nota, fue un habeas corpus el que le permitió ingresar, también dispuesto por la Corte, el mismo día del "ingreso masivo".

"A Daniela la tenían en el centro de control de Mansilla (en el límite entre Chaco y Formosa) varada, con permiso y todo. Con hotel pago por nosotros, donde podía estar mejor. Y yo como loco luchando por ella en Buenos Aires. "A las 23 (del martes a la noche), que llegó el taxi hasta el control, hasta  la 1.30, que el abogado habló con Gendarmería, estuvo esperando ahí. Después la subieron a una camioneta Kangoo (un utilitario) y la cruzaron a Formosa. A las 03.40 recién llegó al hotel", sigue.

Este punto recuerda que una de las polémicas condiciones del ingreso masivo de formoseños y formoseñas es que deben pagarse el hisopado y el resultado, claro, debe ser negativo. Pero también cumplir con 14 días de autoaislamiento en centros puestos a disposición para quienes no tengan los recursos para alojarse en un hotel.

"Ella es formoseña, pasa la mitad del año allá y vino a Buenos Aires en marzo para una revisación médica. En abril pudo volver a Formosa, le hicieron hisopado que dio negativo y la enviaron a aislarse en la escuela de cadetes. Al segundo día, el comisario de ahí la llamó diciéndole que la enviarían a la casa a hacer la cuarentena, con visitas de asistentes sociales. En vez de eso la internaron en el pabellón de salud mental del hospital distrital Nª8. Sin teléfono, sin comunicación con la familia, sin avisarle a nadie. Su madre fue a la escuela de cadetes y averiguó dónde estaba. Pero no dejaron que la vea, pese a que su madre tiene cáncer avanzado", cuenta su marido.

La mamá de la ahora "ex varada" dijo que luego su hija le contó que "en ese momento la habían dopado y que le ataron las manos a la cama", porque quería irse. Estas situaciones están descriptas en la causa que su abogado, Daniel Suizer, presentó ante la Justicia.

"Gloria Giménez (encargada de los ingresos dependiente del ministerio del gobierno formoseño), no supo darnos una respuesta efectiva del porqué de la situación. Solamente le dijo que, si no nos gustaba, que la llevemos de vuelta a Buenos Aires. Para ayudarla, contratamos un auto para que la trajeran desde Formosa", sigue. Así es como empezó, oficialmente, a ser varada por segunda vez.

"Le dilataron la posibilidad de ingreso, sumado a que, en caso de ejercer sus derechos constitucionales e ingresar a Formosa, recaería sobre ella el riesgo cierto de ser detenida, judicializada y encarcelada. El habeas corpus preventivo está previsto por la ley como una medida específica, y rápida para que no se avasallen derechos constitucionales que se encuentren violentados abusivamente, como pasó acá", explica Suizer a Clarín. Es el abogado que nucleó la mayoría de las demandas de las y los varados contra del gobierno formoseño.

El esposo de la mujer que este abogado defendió recuerda por qué ella debía haber estado en su casa de Formosa "apenas lo solicitó".

"Su estado de salud es delicado, pertenece al grupo de riesgo. Sin dudas debe estar en su hogar, junto a su familia y no pasar por la fea experiencia de ser alojada en una sala de salud mental. Además, ¿quién debe sacarle el derecho a otro de ver a sus seres queridos enfermos? La necesidad de acompañarse mutuamente en familia es un derecho, que este sistema de ingreso (por el de Insfrán), sumado a la peligrosidad de que la detengan si ingresaba, la dejó en una situación de vulnerabilidad extrema", dice él.

La "ex varada" de esta nota permanecerá 14 días aislada en el Hotel Regina de Formosa, que pagará por su cuenta. Por su certificado de discapacidad, sólo recibiría cuidados específicos si permanecía alojada en centros de aislamiento. Pero, dice su marido, "jamás permitiría que volviera a estar en las condiciones poco dignas que ofrecía la provincia. Además, quizá no te das cuenta y vuelven a internarla en el área de Salud por 'loca'. No está ni estuvo loca. Solo quería estar en su casa, cerca de su madre".

 
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