Opinión
Interesante

El despertar formoseño

Daniel Omar Montiel.

Por Daniel Omar Montiel, especial para NOVA

I. El pueblo formoseño ya está despierto

El pueblo formoseño no está esperando despertar: ya despertó.

No ha llegado “la hora” de abrir los ojos del alma y de la conciencia, porque ese despertar ya ocurrió en el corazón profundo de nuestra gente.

Los principios del Nuevo Modelo Formoseño —la ética sobre la técnica, el bien moral sobre el interés, el bien común sobre el individual, las personas sobre las cosas, y el espíritu sobre la materia— son el despertador constante que mantiene viva, movilizada y en marcha la conciencia y el alma del pueblo.

Formosa ya despertó y, como todo pueblo despierto, ya no duerme hasta ver cumplido su objetivo supremo:

Una Patria Libre, Justa y Soberana.

Y en un pueblo despierto,
la omisión se vuelve imposible y la permisividad deja de existir.

Porque cuando la conciencia vela, el mal no avanza.
Cuando el espíritu actúa, las sombras retroceden.

II. ¿Puede estar despierto un pueblo sin Dios?

No.

Un pueblo sin Dios puede estar agitado, indignado, rebelde, movilizado, pero no verdaderamente despierto.

Porque despertar no es simplemente abrir los ojos del cuerpo, sino abrir los ojos del alma.

Y el alma solo despierta cuando vuelve a su origen: Dios, fuente del sentido, de la verdad, de la dirección y del propósito.

Un pueblo sin Dios puede levantarse, pero no puede
elevarse.

Puede protestar, pero no puede trascender.

Puede cambiar gobiernos,
pero no puede cambiar destinos.

El verdadero despertar es espiritual: es cuando el alma reconoce que no fue creada para la esclavitud, ni para la humillación, ni para la mentira.

Sin Dios, hay movimiento.
Con Dios, hay misión.

Sin Dios, hay ruido.
Con Dios, hay sentido.

III. ¿Puede estar despierto un pueblo sin los principios del nuevo modelo formoseño?

Tampoco.

Porque estos principios no son partidarios:
son éticos, humanos, trascendentes, coherentes con la dignidad de la persona y con la voluntad profunda de un pueblo que quiere elevarse.

Un pueblo dormido acepta que:

la técnica suplante a la ética,

el interés suplante al bien,

el ego suplante a la comunidad,

las cosas suplanten a las personas,

la materia suplante al espíritu.

Ese pueblo cree que avanza,
pero camina hacia su propia destrucción.

Solo cuando estos principios ordenan la vida social y personal, un pueblo se despierta de verdad y permanece despierto.

IV. Qué significa estar despierto en cada principio

Aquí comienza la revolución moral, política y espiritual.

1. Despertar en la Ética sobre la Técnica

Estar despierto es escuchar primero la conciencia.
Es preguntar no “¿funciona?”, sino “¿es correcto?”.

Despertar es discernir el bien del mal y actuar conforme a esa claridad interior. Aquí desaparece la permisividad.

2. Despertar en el Bien Moral sobre el Interés

Un pueblo despierto no se vende.
No negocia valores.
No entrega su dignidad por conveniencia.

Despertar aquí es afirmar:
“El bien no se negocia, el bien se sostiene.”

Un pueblo incorruptible es un pueblo invencible.

3. Despertar en el Bien Común sobre el Individual

Un pueblo despierto sabe que nadie se salva solo.
Que si uno sufre, el cuerpo entero sufre.

El despertar rompe la indiferencia y destruye la omisión, porque obliga a actuar por todos.

4. Despertar en las Personas sobre las Cosas

Un pueblo despierto mira al otro no como número, no como herramienta, no como mercancía, sino como hermano.

Aquí el espíritu ilumina la dignidad humana y desplaza para siempre al materialismo vacío.

5. Despertar en el Espíritu sobre la Materia

Este es el corazón del Nuevo Modelo Formoseño.

Despertar es comprender que la verdadera fuerza
no está en lo que tenemos,
sino en lo que somos.

No vence el más rico, sino el más consciente.
No vence el más armado,
sino el más iluminado.

El espíritu despierto hace que un pueblo:

No se arrodille, No claudique, No olvide quién es.

V. Despertar: la definición final

“Despertar es la toma de conciencia y el accionar del espíritu.”

Despertar es cuando la fe se vuelve obra, cuando el sentimiento se vuelve acción,
cuando la conciencia se vuelve transformación.

Porque:

Una fe sin obras es una fe muerta.

Un pueblo sin acción es un pueblo dormido.

Un espíritu sin compromiso es un espíritu en sombras.

Despertar es ver distinto, sentir distinto, vivir distinto, actuar distinto.

Despertar es hacer carne el espíritu y convertirlo en revolución.

VI. El ciudadano como sujeto del desarrollo:

El nuevo espíritu del “nosotros”

Un pueblo despierto sólo puede existir si cada ciudadano asume su lugar como sujeto del desarrollo.

Porque el desarrollo no viene “de arriba”, ni de un decreto, ni de un escritorio distante.

El desarrollo real nace del espíritu despierto de cada persona cuando comprende que su acción es parte indispensable del destino colectivo.

Un sujeto del desarrollo es siempre:

Despierto,

Consciente,

Activo,

Creador,

Responsable,

Orientado al bien común.

Y cuando un ciudadano se reconoce sujeto del desarrollo, la omisión deja de existir y la permisividad se vuelve imposible.

Quien está despierto obra,
quien tiene conciencia actúa, quien tiene espíritu transforma.

1. Es un ser despierto y activo

No espera.
No delega.
No se resigna.

Participa, propone, sostiene, construye.

2. Actúa hasta lograr su objetivo

La claridad del espíritu le da constancia.
La conciencia del bien le da dirección.
Los principios del Nuevo Modelo Formoseño
le dan estructura y horizonte.

3. Vive en el Nuevo Espíritu del Nosotros

Un sujeto del desarrollo no vive para sí, vive en nosotros y para nosotros.

El Nuevo Espíritu del Nosotros es la superación del egoísmo y el nacimiento de la comunidad solidaria y fraterna.

Nadie crece solo.
Nadie lucha solo.
Nadie vence solo.

4. Aporta al bien común y no se aísla

El aislamiento es sueño.
La comunidad es despertar.

Quien se cierra, retrocede.
Quien comparte, avanza.

El sujeto del desarrollo entiende que su acción sólo cobra sentido cuando mejora la vida de otros.

5. Comparte, no compite

La competencia debilita al pueblo.
El compartir lo fortalece.

Un sujeto del desarrollo no festeja la derrota ajena: celebra el avance del conjunto.

VII. Cuando el pueblo formoseño despierta

Cuando un pueblo despierta:

la omisión muere,
la permisividad se extingue,
la injusticia retrocede,
y la historia cambia su rumbo.

Un pueblo despierto no es manipulable,
no es colonizable,
no es sometible.

Un pueblo despierto es invencible.

Y hoy el pueblo formoseño está más despierto que nunca.

Conclusión final

El pueblo formoseño está despierto.

Despertó en Dios, en conciencia y en comunidad.

Y cuando un pueblo despierta, la omisión muere y la permisividad desaparece.

Cada ciudadano es sujeto del desarrollo: actúa, comparte, construye y no se rinde.

Porque un pueblo despierto no se detiene hasta conquistar una Patria Libre, Justa y Soberana.

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