Economía y Empresas
¡Caos!

Cuando quejarse conviene: Formosa, recursos y la retórica del gobernador

El Modelo Formoseño despluma cada vez más a la sociedad. (Dibujo: NOVA)

Formosa reclama lo que la Nación le niega, pero la narrativa oficial está llena de huecos que el gobernador Gildo Insfrán prefiere no explicar.

Desde la provincia sostienen que, desde la asunción de Javier Milei, el Estado nacional les habría “retirado” más de 240 mil millones de pesos por coparticipación y acumularía una deuda previsional superior a 210 mil millones.

Esa versión, repetida por voceros provinciales y medios afines, se apoya en cifras que buscan construir un relato de “ahogo” financiero.

Sin embargo, los números públicos muestran otra cara: en 2025 Formosa recibió transferencias automáticas y discrecionales por montos que, en varios meses del año, la ubican entre las provincias con mayor ingreso por habitante.

Informes locales registraron ingresos por casi un billón de pesos en el primer semestre y aumentos relevantes en transferencias automáticas en meses clave, datos que contradicen la postura permanente de alarma instalada por el Gobierno provincial.

¿Cómo concilian ese flujo de recursos con la dramatización oficial? La respuesta política parece más orientada a blindar una hegemonía que a rendir cuentas.

Insfrán asegura que, pese al “ahogo”, la provincia paga sueldos, mantiene el 82 por ciento móvil y avanza con obras. Pero ese discurso paternalista (que presenta al Ejecutivo como único salvador de la estabilidad social) resulta funcional para tapar preguntas incómodas: transparencia en el gasto, prioridades de inversión y el destino real de las transferencias.

Mientras el gobierno provincial hace énfasis en la “discriminación” por parte de Nación, escasean los balances claros y auditorías independientes que permitan verificar la eficiencia del manejo de los recursos.

Además, no faltan señales de que la queja pública puede tener fines electorales. La insistencia en el relato del agravio permanente (con apelaciones a la “soberanía provincial” y al “federalismo asimétrico”) funciona como un mecanismo para movilizar apoyos y neutralizar críticas internas.

Frente a esto, la prensa local y algunos analistas señalan que, si bien existen tensiones con la Nación, también hay provincias que recibieron transferencias similares o mayores sin recurrir a la teatralización política que hoy practica el régimen formoseño.

En definitiva, la bronca denunciada por Insfrán merece estudio y reclamos formales cuando corresponda. Pero convertir cada recorte o discusión presupuestaria en un espectáculo político permite ocultar responsabilidades de gestión.

Los formoseños merecen más transparencia y menos tribuna: antes que quejarse a los gritos, el Gobierno provincial debería mostrar cuentas claras y explicar por qué, si recibe recursos relevantes, persiste la retórica de la carencia. La política no puede ser (ni debe transformarse en) una excusa permanente para eludir rendición de cuentas.

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